del día a día en Zahara

Yo no soy zahareña soy de Bilbao y a mucha honra.

Yo no soy zahareña. Los recuerdos de mi niñes y de mi juventud no guardan el sabor a tagarninas, a manteca colorá, a los buceles en blanco o a las jabas en tiempos difíciles, tampoco estuvieron amparadas por el levante y el poniente, ni por las calles de arena ni por la imagen de los juegos en la duna de la muralla o del vapor en la mar ni por los compases de vuestra música.

Yo tuve en mi infancia y juventud otros olores, otros sabores otra luz y otros colores con melodías diferentes. Y quedaron grabados en mi corazón como los vuestros están grabados en vuestros corazones.
Yo no soy zahareña yo vivo en Zahara. Vivimos en Zahara porque tuvimos el privilegio de poder elegir dónde vivir y elegimos Zahara.
¡Sabia elección! me digo cada día.

Me gusta vivir aquí, me siento integrada entre sus gentes, me gusta conocer y respetar sus formas, sus costumbres y su historia. En Zahara  he aprendido mucho de la vida y de cómo vivirla y comparto con los zahareños lo bueno y lo malo del día a día, lo que voy entendiendo porque vivo aquí y lo que no llego a entender porque no soy de aquí.

El otro día fui a la plaza del Tamarón por solidaridad con un vecino que me consta que ha trabajado y trabaja por el bien del pueblo. Esperaba información  sobre cómo habían ocurrido realmente la cuestión de la concesiónes en la playa, me gusta estar bien informada para poder opinar.

Esperaba unirme con los que queremos de Zahara un pueblo abierto a todos los que buscamos vivir aquí y trabajar aquí, respetándonos unos a otros y respetando las costumbres, las tradiciones y el privilegiado medio ambiente del que disfrutamos. Esperaba unirme a gentes diversas que rechazamos cualquier actitud invasora o no queremos aceptar a  quienes solo ven en el pueblo un lugar para hacer dinero.

Se desplegó una pancarta que no esperaba y que no me gustó.

Yo sé que no se pretendía excluirnos, yo sé que muchos nos consideran zahareños pero no somos zahareños queremos  el bien de Zahara porque queremos mucho a  Zahara y porque vivimos en Zahara y a mucha honra.

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Aondevacomé?, de las gentes de Zahara, en Zahara

El Escaramujo

Yo conocí a Tete en Donosti trabajaba en el Urola , un clásico de la parte vieja donostiarra. Marina, su madre, me contó que estaba allí y me animó a visitarle. Recibió con mucho agrado los recuerdos de Zahara y yo desde ese día procuré visitarle más a menudo.

Tete en la puerta del Urola con Osito manolito

Álvaro Fasi, Tete para los amigos, ha trabajado en verano desde que tenía 13 años. En el kiosco, en el super o en la freiduría Pleamar. El año 2007 su madre le mandó a Cádiz porque quería que hiciese bachiller, pero Tete acabó convenciéndola de que él lo que quería era estudiar cocina. El año 2008 estrenó su mayoría de edad en la escuela de Hostelería Fernando Quiñones. Dos años después terminaba su formación en la escuela  y desde entonces no ha dejado de trabajar en la cocina.

En 2010 tuvo la suerte de ser seleccionado por la escuela par hacer prácticas en uno de los restaurantes de Martín Berasategui, el Bodegón Alejandro, una de las referencias más sólidas en San Sebastián.

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Del artículo publicado en Cosas del Comé

Tete recuerda el tiempo que estuvo en el Bodegón aprendiendo con Iñaxio Valverde como el tiempo  más importantes de su formación. En San Sebastián trabajó también el el hotel Barceló Costa Vasca, en la Muralla y en el Urola con Pablo Loureiro Rodil.

Zahara tira mucho, y Tete decidió volver en el 2015, después de una temporada trabajando en la taberna del Campero, este año ha tenido la iniciativa  de coger un negocio propio, la antigua Tasca, que se llama ahora el Escaramujo.

Escaramujo (Balanus Spongicola) es un crustaceo que se adhiere al casco de las embarcaciones en su parte sumergida

Un lugar sencillo con una carta muy bien pensada, muchos aires de nuestra tierra. Tete hace gala de su paso por Donosti.


Exquisitos los chipirones en su tinta, la textura y el brillo de la salsa no se consigue a la primera, demuestra mucho mimo en la cocina y experiencia. Muy bueno también el bacalao sobre cama de una salsa de ajos logradísima.


Majísimo Tete, me alegra muchísimo que zahareños jóvenes tengan iniciativa, ilusión y muchas ganas de trabajar. Le auguro mucho éxito.

¿Dónde pongo esto?, desde Zahara

Tarde de lirios

Conseguí por fin, la semana pasada localizar un campo con lirios y cogerlos por mí misma. Me encanta en la primavera tener un ramo de flores silvestres en la casa. 

foto de PilarGG
mi ramo de lirios silvestres

Siempre hemos llevado como un secreto bien guardado dónde estaban las mejores setas, o en qué zarzamora encontrábamos aquellas moras tan hermosas, por eso, entendía que no iba a ser fácil descubrir alguno de los rincones de los lirios silvestres. 

Me sentí afortunada cuando el Kosko me explicó por dónde tenía que ir, pero, a pesar de que me lo había explicado muy bien, no llegue. Se ponen las cosas difíciles cuando una no ha correteado desde niña por estos lares.

Dicen que el que la sigue la consigue y así fue. Insistí, pregunté, y llegué a un campo verde intenso con lirios violetas dispersos.


Lo primero que me vino la cabeza fue la imagen de Van Gogh, que con tanto acierto y belleza supo plasmarlos.El mismo color y el mismísimo porte. 

1889 Los lirios Vicent Van Gogh

Por este juego de asociaciones que tiene la memoria cuando una se encuentra paseando consigo misma por un lugar tan luminoso y bello, de van Gogh salté a Amsterdam, a nuestro viaje de novios y de allí a mi nieto medio holandés.

Vicent van Gogh

Y entre salto y salto fui cogiendo unos lirios, los corté con tijera pensando que dejando el bulbo en tierra seguiríamos disfrutando de lirios en el campo. 

Tenía un ramo precioso cuando llegue a casa y los distribuí en algunos jarrones. 

Después de hacerles algunas fotos y editarlas me apeteció ver los lirios de Van Gogh y busqué también otros pintores que los hubieran pintado.

Claude Monet pintor impresionista
lirios silvestres foto de PilarGG
Claude Monet

De nuevo mi cabeza fue dando saltos de la fotografía a la pintura, de la pintura a la fotografía, de la imagen a la realidad y de la realidad a la imagen y como siempre que mi cabeza da vueltas o saltos en este caso, terminé poniéndolo negro sobre blanco. Me gusta guardar estos ratos bonitos que me regala la vida.

¿Dónde pongo esto?, de las gentes de Zahara, Zahareñas

Bernarda Cana

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Donde hoy está Me piace , en 1938, en plena guerra civil, nació Bernarda. Era la mayor de las hembras y en total hacían 9 hermanos.

De niña andaba por las eras ,entonces todo lo que hoy es Zahara del Juanito para adelante era una era, se montaba en el trillo y llegaba hasta el pozo, lo que hoy es el pozo del Duque.
Le acompañaba a Juana la Polea y dormían en las eras para que no robasen. De su niñez recuerda también que hacia con las faldas una braga y se tiraban rodando por la arena, entonces la arena llegaba hasta arriba del muro del Palacio y allí jugaban los niños.

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Foto publicada por Antonio Fernandez Valdes en Historia de Zahara en imágenes.

Bernarda recuerda que jugaba con Antonio Mota, con el chito, con Blas. –Pasábamos más hambre que un caracol en un espejo pero éramos niños muy felices ¡Qué buenos recuerdos!– En la escuela  aprendió a decir Europa Asia, Africa y Oceanía , y los números, con los números era muy buena pero en cambio las letras no le entraban.

Con 13 años , en 1951, dejó la escuela y dejó su infancia en Zahara y se fue a Cadiz a trabajar. Con la familia Monesterio. Maria Luisa , la hija de Ramón Pipi, su marido que era militar y tres hijos que tenían entonces,  Jose Luis y Guillermo Maribel. Hacía todo en la casa cocinar, limpiar, planchar con el carbón , lavar todo a mano. Recuerda que Maria Luisa enseñaba las camisas que planchaba Bernardita presumiendo de lo bien que lo hacía.

El día del Corpus se levantaba muy temprano para dejar todo hecho y salir con los niños a ver la procesión.

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foto tomada de internet

Trabajaba mucho, muchísimo.  De vez en cuando llegaba la señorita Zahara que era la madrina de Maria Luisa y pasaba temporadas en Cádiz, dormir en el hotel Atlántico pero se pasaba el día con su ahijada. Bernarda recuerda que con las propinas que le daba se compró un abrigo rojo.

Cuando tenia 18 años volvió a Zahara. Sus padres por aquel entonces estaban de porqueros en las Canteruelas y empezó a hablarle Juan que vivía en las Parrillas con sus padres, también en el Retín cerca de donde se hace la romería del Conejo.

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Entonces no era como ahora el primer beso se lo dio después de 6 meses de novios, se acuerda perfectamente de aquel beso, se lo dio en la puerta de la Paeka , la madre de Mari Pepa la de Pepe el chato.

Juan se fue a la mar para ganar dinero para casarse, se tiró 7 años de novia y tal como venia se iba, se veían con su madre a un lado y su padre al otro.

 

Fueron llegando las hijas, Juan en la Mar y Bernarda en Zahara criándolas y trabajando aquí y allá , pero teniendo en cuenta que a Juan le gustaba que cuando viniese de la mar ella estuviese en casa.

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Por eso se tiro 5 dias tomando tila y preparándose para decirle a Juan que había empezado a trabajar en el hotel.  Después de tantos miedos cuando llegó de la mar se lo dijo y Juan le contestó que si ella estaba contenta que eso era lo importante. Trabajaba en el hotel para el personal, les hacia de comer y fregaba.

Corrían entonces los años 80, Bernarda tenia 40 años, las hijas criadas y el marido en la mar. Ella era muy trabajadora y en el hotel estaban muy contentos con ella . Un día le preguntaron si Juan sabía algo de pluma y ella dijo que algo debía saber porque estaba en el barco de listero entonces le cogieron a Juan para trabajar en el hotel de jardinero y con las hamacas. Juan empezó a trabajar en el hotel el año 1986 y estuvo hasta el 1996 que se jubiló. No eran muy gastadores y con el sueldo de ella y con el sueldo de él hicieron unos ahorritos.
Ahora tiene su casita en Zahara, en la calle Ilustre fregona , cuando me he acercado esta mañana Juan estaba a sus 85 años, subido a una escalera limpiando el techo del baño –y mañana va a pintar el de la cocina –me dice Bernarda. Ella porque no puede porque tiene las piernas un poco mal pero asi, uno y otro, después de más de 50 años juntos forman un equipo que se las apaña la mar de bien. Da gusto verlos.

Bernarda-5Y quien tuvo retuvo, Bernarda está igual de guapa que cuando tenía 18 años y volvió a Zahara y Juan le empezó a hablar ..y comenzó una historia sencilla y bonita , una de esas historias que a mi me emocionan y que gusta guardar y compartir.

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de las gentes de Zahara, Zahareñas

Curra Moraga

No hace mucho fui por primera vez a la silla del Papa. Fuimos desde Atlanterra siguiendo un sendero abierto en lo alto de la sierra de la plata. Yo iba fascinada con las panorámicas que nos iba ofreciendo el camino, grandes extensiones de campo con Zahara y el mar al fondo por un lado, por otro, Almarchal y la Zarzuela, más cerca el cortijo del moro. Caminaba mirando al horizonte y buscando esto y aquello, cuando descubrí una pequeña construcción sencilla y sólida en la pendiente  de la sierra y mirando al mar.—Un lugar privilegiado—pensé.

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en primer plano el techo de la cabrera del cortijo del Moro

Mis compañeros de camino me contaron que era la cabrera donde había vivido el cabrero del cortijo, Paco Moraga y su familia. El cabrero murió —me explica Mariluz–pero su mujer Curra vive frente al campo de fútbol.

En uno de mis mañaneros —¡qué me gusta a mi el mañaneo!—llegue hasta el nº 74 de la calle Maria Luisa y me presenté a Curra que enseguida me invitó a pasar, allí estaban sus hijas, su nieta y los perros. Antes que nada, y emocionada por el recuerdo, Curra me mostró la foto de Paco con las cabras.

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Paco Moraga y las cabras, años 80

A Curra le cuesta hablar de la época en la que vivía en la cabrera, todo son recuerdos de su Paco que se fue a los dos años de haberse jubilado y que en paz descanse.

Poco a poco y mientras repasamos una colección de fotos de cubre las paredes van aflorando los recuerdos de la época en la que vivieron allí.

Ventitrés años estuvieron en la cabrera desde 1976 hasta 1999. Allí fue Curra con 32 años y cinco hijos, un hijo, el mayor que llevaba 13 años y sus cuatro hijas, la más chica con ocho meses.

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Foto familiar de 1976 cuando fueron a vivir a la cabrera del cortijo. Curra tenía 32 años.

Mujer valiente— pienso para mi —y le pregunto por la vida allí. Me habla primero de las ovejas, en mayo las cubría el macho y en octubre nacían 300 ó 400 chivos.

—Mucho trabajo, mucho —recuerda Curra—pero no nos faltaba de comer teníamos el huerto para la casa, papas, judías verdes, tapines, berenjenas, de todo había.

De vez en cuando mataban un chivo para comer y también criaba gallinas. Cada día ordeñaban mañana y tarde. Sacaban tres o cuatro jarras de 40 litros cada una por la mañana y dos u media por la tarde y todo a mano. Su hijo el que fue con 13 años me enseña los callos que todavía tiene en las manos.

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A mi me cuesta entender la cantidad de litros que podían ordeñar en un día. Curra me enseña esta foto de la cabra con las ubres llenas.

La leche la venían a buscar todos los dias del Cortijo para llevarla a la Central y los chivos se vendían para Noche Buena.

Allí Curra no echaba de menos nada porque no paraba de trabajar, venían a Zahara muy poco,  iba hasta allí un hombre mayor, un maestro, que enseñaba a las hijas a leer y a escribir y los números.

Su hija Inés que tenia seis años cuando fueron a la Cabrera, me cuenta que  vivían muy bien que jugaban mucho con las piedras que eran muñecas y los palos que eran caballos.

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En el patio con el abuelo.

Los primeros años de estar allí no tenían luz, luego para el 80, quizá para los mundiales del 82, pusieron un motor y TV para que Paco y el hijo vieran el fútbol.

Para lavar iba a la fuente con una goma que ponía en la fuente y salía un agua buenísima, entonces no hacía falta suavizan y luego tendían las sábanas a solear y aquello era gloria bendita. Cerca del huerto había otra fuente de hierro.

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Aquí llego Paco con las cabras—explica — a donde estábamos lavando, ves —me dice—poníamos la goma que venía desde la fuente y teníamos agua para lavar.

La nieta, recuerda también que su madre en verano como tenía que trabajar les llevaba a la Cabreriza y allí estaba con los abuelos todo el día jugando,tiene muy buenos recuerdos de aquellos años.

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Curra crió a sus cinco hijos en la cabrera en contacto con la tierra, llenando sus ojos de horizonte, con el mar de fondo. Lavando, tendiendo, cuidando la huerta, limpiando, haciendo de comer y siempre pendiente de Paco el Cabrero.

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Qué pena más grande tiene de que se jubiló y cuando ya podían descansar los dos juntos en su casita de Zahara, a los dos años,la enfermedad se lo llevó.
Esta pena no se la quita Curra pero hay que seguir y tiene el consuelo de que sus 5 hijos sus once nietos y su biznieta Ainhoa le acompañan mucho cada día. Dejo a Curra acompañada de los suyos y camino hacia casa llena de emoción. La emoción que me producen los sentimientos auténticos y las personas con la mirada limpia.Gracias Curra no sabes cómo me alegro de haberte conocido.

¿Dónde pongo esto?, Zahareñas

María Ariza

Durante la ruta del Atún, en mayo del 2015 ,se hizo un reconocido homenaje a Maria Ariza , la que fue durante años el alma de la cocina de casa Juanito.

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Yo estuve allí y recogí algunas imágenes pero sobre todo pensé en la cantidad de sabiduría que debía haber encerrada en María y en lo interesante que sería poder hablar con ella.
Desde aquel día he procurado estar con Maria y charlar, hemos tomado algunos cafés con Adeli , su hija , que le anima a recordar y contar sus recuerdos.

Me cuenta que su padre era cosario , en aquellos tiempos era quien, con su camión,  conducía personas o encargos de un lugar a otro, acarreaba mercancías o llevaba a gente de aquí para allá.

Maria recuerda historias y anécdotas que su padre le contaba de su trajinar por las carreteras. Como cuando unos frailes le pidieron que les sacara de Cadiz y los llevó escondidos o cuando se encontró a hombres tendidos en la carretera y cuando paró salieron corriendo. Probablemente se trataba de los difíciles y convulsivos años 30. En esos años había venido al mundo en  1934 Maria, la primera de los hijos de Manuel Ariza, cosario de Zahara.

María se casó joven , con Juan Rodriguez. Su suegro, Juanito el Costero era de Vejer y tenía por aquellos años la única tienda que había en Zahara. Después la tienda pasó a ser taberna y María cuando se casó en 1958, se quedó en el bar. Era una joven veinteañera guapísima y desde entonces dedicó su vida a la familia y a la cocina.

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Nacieron sus tres hijos muy seguidos. Adeli, Juan Manuel y Encarni. Muchos pañales que lavar a mano, recuerda como aprovechaba la ceniza del anafre que me explica que  era un hornillo para contener las brasas y donde calentaban la olla. Las cenizas del anafre eran muy buenas para quitar las manchas de los pañales.

_Por aquellos años en casa Juanito paraba “todo el mundo”_ me cuenta Maria.
_y ¿quién era entonces en Zahara todo el mundo?_ me atrevo a preguntar
_el alcalde, los guardias, el cura, el barbero…todos pasaban por la taberna.

Por cierto, por entonces, el barbero de Zahara era Severiano Pineda, gran amigo de Juan. Cuando murió Juan le hizo un precioso poema que Maria guarda con emoción dándole un lugar principal en su casa

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Es mi Zahara chiquitita pequeña pero bonita. Hay levante, levantito , levantuchón y levantara y algo que me deje antes, a veces suele venir gran tormenta de Levante. ¡Pero qué orgullo de aldea! Con levante o con poniente, queda grabado en la mente del que llegue aquí y lo vea.

A Juan su marido también le gustaba mucho la poesía Maria me enseña una preciosa reliquia que guarda con fervor. Un poema que Juan escribió en la parte de atrás de una quiniela, dedicado a Zahara. Me emociono cuando lo leo.

María estaba siempre muy ocupada entre los niños y la cocina pero eso no le impedía ser creativa y emprendedora, empezó a poner la tapa de atún aliñado, una de las exquisiteces mantenidas en Juanito el costero.

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según me ha contado María la clave está en cocer en el punto justo el atún en una mezcla de aceite y cebolla. Miraba revistas buscando recetas. En una revista encontró la receta de la tarta de zanahoria y coco que fue durante años uno de los postres estrella del restaurante. Entonces no había tantas revistas ni de donde sacar recetas pero a ella le gustaba mucho y siempre conseguía algunas.

En esos años sesenta fue cuando llegaron los alemanes a Zahara y se empezaron a construir las primeras villas, montaron en Atlanterra una cantina para que comieses los trabajadores, pero era mucho trabajo para ellos y su cuñado Pacheco se quedó en la cantina mientras ellos se centraron en casa Juanito.
Cada año venían más turistas, Adeli, Juan Manuel y Encarni crecían y la taberna iba cogiendo cada día más nombre.

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Al frente de casa Juanito María estuvo hasta el año 85, año en que su hijo Juan Manuel  tomó las rienda del negocio.

Casi treinta años de oficio que en la última ruta del atún fueron reconocidos. Emotivos instantes cuando su hijo Juan le entrega la placa ante la mirada atenta  de sus nietas y con los aplausos cariñosos de todo el pueblo de Zahara.

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¿Dónde pongo esto?, de la tradición y de la cultura, Zahareñas

Isabel Ladrón de Guevara

Fornel es toda una institución en Zahara todos nos sorprendemos de su fortaleza y vitalidad a los 91 años cumplido, te lo encuentras en la playa cosiendo la red, caminando de aquí para allá,  siempre dispuesto a una copita en cualquiera de las tabernas del pueblo.

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Pero lo que no me esperaba yo era, el pasado domingo, con un temporal de viento tremendo, encontrarme a Fornel con dos sacos enormes de tagarninas y una azada, dando tumbos por el viento en la carretera de La Zarzuela a Zahara.

Paré el coche y se montó, llegamos hasta su casa en el nº 15 de la calle maestra Doña Angelines. Quedé con él en que en un rato volvería a por las tagarninas, porque a pesar de que había ido hasta casi la Zarzuela a por ellas, a pesar de que el viento lo había zarandeado, a pesar de que se había caído y traía las manos llenas de arañazos , se iba a poner a limpiar tagarninas y  en un ratito estarían listas.

Tardé una hora en volver a su casa, sin atreverme a entrar saludé

— ola!, soy yo—. Una voz alegre y femenina me contestó—pase, pase, pase usted que ya tiene listas las tagarninas, tenga llévese también unos cardos.

Así conocí a Isabel, la mujer de Fornel , se interesó por saber  donde vivía y qué hacia yo en Zahara, echamos un ratito de charloteo y prometí volver pronto.

Esta mañana me he vuelto a llegar a la casa, de nuevo la invitación a entrar desde el fondo. Cuando llego  al patio iluminado y acogedor me encuentro de nuevo a Isabel y a Fornel con la tarea de las tagarninas. Me siento con ellos y vamos hablando, mientras  ellos trabajan  yo con mi cuaderno trato de que no se me escape nada de tan simpática conversación.

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Isabel tiene 86 años muy bien llevados pero cuando se lo digo me dice que para nada, que tiene muchos achaques,  que ella tiene un riñón menos, un pecho menos y azúcar, el azúcar lo quiere vender pero no hay quien se lo compre. Razón de más— pienso para mi— tiene la fortaleza que se desprende que haber luchado contra muchas adversidades. Ella es de Zahara de toda la vida de Dios, nacida en Zahara y en Zahara ha criado a sus tres hijos, dos varones y una mujer, su hija Carmela que anda por allí arreglando las cosas de la casa.

Le pregunto a Isabel por el Zahara de antes, de cuando ella era joven.

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—Mucho mejor que ahora—, me responde sin dudar. Isabel recuerda aquellos tiempos como mejores, más tranquilos, más familiares, sin coches    —Y que hacíais entonces— me atrevo a preguntarle.

—Que qué hacíamos ? lo mismo que hacemos ahora— y señala con la vista el balde con las tagarninas. —Donde estamos ahora era un pradillo y aquí había de todo, tagarninas y cardos, cogíamos muchos cardos y cogollos desde niños, y entonces todos ganábamos los niños que los recogían, las mujeres que los limpiaban y ponían a secar y el hombre que venia de fuera y se los llevaba, todos ganábamos. En el pueblo había tres municipales no como ahora que no hay ninguno.

—Francisco iba a la mar—me sigue contando Isabel sin levantar la vista de su trabajo— y unas  veces traía dinero y otras veces no. Yo he trabajado mucho, mucho—repite con firmeza—para sacar a mis hijos adelante, trabajaba en el hotel con la madrileña, Leonor se llamaba. —¿en el Cortijo? le interrumpo. —Sí allí —Isabel continua, se ve que se ha trasladado a los recuerdos y yo le escucho con mucha atención.

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—Vivíamos allí a la vera de Juanito, a la vera de Manoli, una casita, hasta un metro de piedra, lo demás de paja.Más de una vez salió ardiendo. Cuando se lo conté a Leonor, la madrileña, me dijo que buscase  quien me la levantará en un día y entre Paco el novio de mi hija y Blas levantaron la casa en un día y allí vivimos hasta que hicieron estas donde vivimos ahora.

Carmela, que va a salir a por los mandados, nos interrumpe

— Qué hay que traer? qué necesitas?

—traste yogures y manzanas y lo que veas—le contesta Isabel quizá un poco incómoda de que Carmela le haya sacado de sus recuerdos.

—Yo veo toó, pero qué hace falta? No necesitas nada?

—Traete suavizante, le dice volviendo a mi para continuar contándome.

Me habla de sus hijos, del que vive en Bolonia con el que pasa temporadas, allí en Bolonia está muy bien porque está en el campo y en el mar y muy tranquilita. Me habla de su otro hijo, de todas sus nietas y nietos.

El balde está ya lleno de tagarninas cuando vuelve Carmela con los mandados.

—Se me ha pasado la mañana tan agustito y tengo que poner la comida—les comento.

—Qué vas a poner pa comer—me pregunta Isabel

— Creo que me voy a atrever con las tagarninas

Me da unos cuantos consejos sobre como prepararlas, que me llevo en la cabeza porque ya tengo el cuaderno y el lápiz recogidos.Llego a casa ligera y me pongo a ello.

Hoy hemos comido potaje de las tagarninas recogidas por Fornel que he preparado siguiendo los consejos de Isabel. Riquísimo

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