¿Dónde pongo esto?, de la tradición y de la cultura, Zahareñas

Isabel Ladrón de Guevara

Fornel es toda una institución en Zahara todos nos sorprendemos de su fortaleza y vitalidad a los 91 años cumplido, te lo encuentras en la playa cosiendo la red, caminando de aquí para allá,  siempre dispuesto a una copita en cualquiera de las tabernas del pueblo.

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Pero lo que no me esperaba yo era, el pasado domingo, con un temporal de viento tremendo, encontrarme a Fornel con dos sacos enormes de tagarninas y una azada, dando tumbos por el viento en la carretera de La Zarzuela a Zahara.

Paré el coche y se montó, llegamos hasta su casa en el nº 15 de la calle maestra Doña Angelines. Quedé con él en que en un rato volvería a por las tagarninas, porque a pesar de que había ido hasta casi la Zarzuela a por ellas, a pesar de que el viento lo había zarandeado, a pesar de que se había caído y traía las manos llenas de arañazos , se iba a poner a limpiar tagarninas y  en un ratito estarían listas.

Tardé una hora en volver a su casa, sin atreverme a entrar saludé

— ola!, soy yo—. Una voz alegre y femenina me contestó—pase, pase, pase usted que ya tiene listas las tagarninas, tenga llévese también unos cardos.

Así conocí a Isabel, la mujer de Fornel , se interesó por saber  donde vivía y qué hacia yo en Zahara, echamos un ratito de charloteo y prometí volver pronto.

Esta mañana me he vuelto a llegar a la casa, de nuevo la invitación a entrar desde el fondo. Cuando llego  al patio iluminado y acogedor me encuentro de nuevo a Isabel y a Fornel con la tarea de las tagarninas. Me siento con ellos y vamos hablando, mientras  ellos trabajan  yo con mi cuaderno trato de que no se me escape nada de tan simpática conversación.

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Isabel tiene 86 años muy bien llevados pero cuando se lo digo me dice que para nada, que tiene muchos achaques,  que ella tiene un riñón menos, un pecho menos y azúcar, el azúcar lo quiere vender pero no hay quien se lo compre. Razón de más— pienso para mi— tiene la fortaleza que se desprende que haber luchado contra muchas adversidades. Ella es de Zahara de toda la vida de Dios, nacida en Zahara y en Zahara ha criado a sus tres hijos, dos varones y una mujer, su hija Carmela que anda por allí arreglando las cosas de la casa.

Le pregunto a Isabel por el Zahara de antes, de cuando ella era joven.

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—Mucho mejor que ahora—, me responde sin dudar. Isabel recuerda aquellos tiempos como mejores, más tranquilos, más familiares, sin coches    —Y que hacíais entonces— me atrevo a preguntarle.

—Que qué hacíamos ? lo mismo que hacemos ahora— y señala con la vista el balde con las tagarninas. —Donde estamos ahora era un pradillo y aquí había de todo, tagarninas y cardos, cogíamos muchos cardos y cogollos desde niños, y entonces todos ganábamos los niños que los recogían, las mujeres que los limpiaban y ponían a secar y el hombre que venia de fuera y se los llevaba, todos ganábamos. En el pueblo había tres municipales no como ahora que no hay ninguno.

—Francisco iba a la mar—me sigue contando Isabel sin levantar la vista de su trabajo— y unas  veces traía dinero y otras veces no. Yo he trabajado mucho, mucho—repite con firmeza—para sacar a mis hijos adelante, trabajaba en el hotel con la madrileña, Leonor se llamaba. —¿en el Cortijo? le interrumpo. —Sí allí —Isabel continua, se ve que se ha trasladado a los recuerdos y yo le escucho con mucha atención.

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—Vivíamos allí a la vera de Juanito, a la vera de Manoli, una casita, hasta un metro de piedra, lo demás de paja.Más de una vez salió ardiendo. Cuando se lo conté a Leonor, la madrileña, me dijo que buscase  quien me la levantará en un día y entre Paco el novio de mi hija y Blas levantaron la casa en un día y allí vivimos hasta que hicieron estas donde vivimos ahora.

Carmela, que va a salir a por los mandados, nos interrumpe

— Qué hay que traer? qué necesitas?

—traste yogures y manzanas y lo que veas—le contesta Isabel quizá un poco incómoda de que Carmela le haya sacado de sus recuerdos.

—Yo veo toó, pero qué hace falta? No necesitas nada?

—Traete suavizante, le dice volviendo a mi para continuar contándome.

Me habla de sus hijos, del que vive en Bolonia con el que pasa temporadas, allí en Bolonia está muy bien porque está en el campo y en el mar y muy tranquilita. Me habla de su otro hijo, de todas sus nietas y nietos.

El balde está ya lleno de tagarninas cuando vuelve Carmela con los mandados.

—Se me ha pasado la mañana tan agustito y tengo que poner la comida—les comento.

—Qué vas a poner pa comer—me pregunta Isabel

— Creo que me voy a atrever con las tagarninas

Me da unos cuantos consejos sobre como prepararlas, que me llevo en la cabeza porque ya tengo el cuaderno y el lápiz recogidos.Llego a casa ligera y me pongo a ello.

Hoy hemos comido potaje de las tagarninas recogidas por Fornel que he preparado siguiendo los consejos de Isabel. Riquísimo

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